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viernes, 13 de julio de 2018

OVNIs en Los Nevados

Esta región montañosa de Venezuela es de lo más curiosa, todos sus habitantes afirman haber visto cosas extrañas en el cielo y de ningún modo consideran la posibilidad de que sean algún tipo de avión, dicen que son "platos invertidos" y que alguien los mira desde sus ventanas.
Mi primer encuentro con Venezuela tuvo lugar a comienzos del año 2000, y como buen amante e investigador del ámbito del misterio no desaproveché la ocasión de recorrer la mayor parte del país, siguiendo el rastro de cuantos enigmas marcan su extensa y a menudo inhóspita superficie, un terreno poco amable con quienes solo buscan las comodidades que proporcionan los destinos turísticos al uso.
Casi inmediatamente después de aterrizar en Caracas, me dirigí a Mérida, capital del Estado homónino y del Municipio Libertador. Con más de 300.000 habitantes, Mérida es sede de la universidad más prestigiosa de Venezuela, y el ambiente estudiantil anima a disfrutar de sus calles y los eventos culturales que se celebran casi a diario, pero mi destino no era esta bulliciosa ciudad, sino una cumbre de la cercana cordillera de los Andes con fama de atraer a multitud de objetos voladores no identificados.
Supe de la insólita actividad OVNI de la región gracias a los trabajos de varios ufólogos venezolanos, informes que, por cierto, no habían trascendido entre los aficionados al elusivo fenómeno. Partiendo de aquellas notas que me habían llegado un tanto fragmentadas, decidí poner en marcha mi propia investigación. Los informes procedían de Los Nevados, una aldea situada a 2.400 metros de altura y cuya población no supera los 150 habitantes.
Acceder a esta población no es tarea fácil. Puede hacerse en teleférico, hasta la estación de Loma Redonda, y luego emprendiendo una caminata de aproximadamente cuatro horas. O también se puede optar por una ruta que va desde El Morro, en realidad un antiquísimo camino de recuas (mulas) lleno de curvas y un desnivel muy pronunciado. Yo elegí la segunda opción, y doy fe de su enorme dificultad, pues cualquier descuido puede arrastrarte al abismo y, consecuentemente, a una muerte segura.

HERMOSA Y PRIMITIVA
 
Cuando llegué a la población, me sorprendió lo primitiva y hermosa que era su estructura. Descendientes de los indígenas mirripuy, sus habitantes eran gente sencilla y amable. Encontré alojamiento con facilidad y pasé mi primera noche en Los Nevados. A la mañana siguiente, sin pérdida de tiempo, empecé mi investigación.
–¿Qué sabe usted de los platillos volantes que se ven por aquí?– pregunté al propietario del establecimiento donde me alojaba. Como no me entendía, le expliqué lo que era un OVNI.
–¡Ah, eso!– Me dijo enseguida– Sí, aquí se ven siempre. Son unos platos de comida pero cambiados (invertidos) –prosiguió locuaz–. Aparecen cada tres por dos, viniendo de ese lado (me señaló en dirección sur). Llegan aquí, se dan una vuelta y se van hacia el norte. ¡Hasta les vemos sus caras en la ventanilla!
–¿No serán aviones comerciales?– Pregunté yo, desconfiado por el asunto de las «ventanillas».
–¡No!– Me espetó enseguida– Estos son raros, no son «viones», son platos del revés. Nos miran siempre desde las ventanas de sus «vainas». Son de otro sitio–.
Esto último me lo dijo como extendiendo su visión a un elemento extraño. Seguí entrevistando a otros habitantes de la aldea y todos coincidían en el mismo detalle. ¡Son seres extraños (nunca me dijeron extraterrestres, y creo que este concepto ni siquiera está claro entre ellos), y vienen de otro lugar donde no hay «gente normal».
Permanecí tres semanas en Los Nevados, a lo largo de las cuales no quité la vista del cielo y de las cumbres que me rodeaban. Sin embargo, pese a mi empeño, no vi objeto alguno que se saliera de lo corriente. Cuando les participé mi decepción, me explicaron que los avistamientos se producían por oleadas, en determinadas épocas, y que aquella en la que estábamos no era la más propicia.
Me sorprendió la naturalidad con que afrontaban el fenómeno de los No Identificados, misterio que para ellos no tenía las connotaciones que asumimos en Occidente. ¿Alienígenas? ¿Tecnologías humanas desconocidas?
Ellos no se detenían en tales disquisiciones, solo insistían en que «algo extraño» e inexplicable aparecía en los cielos de Los Nevados con mucha frecuencia, y que ese «algo», sin duda, no eran aviones, ni comerciales ni militares. De hecho, insistí en que me describieran la diferencia entre los supuestos OVNIs y las aeronaves convencionales, y debo decir que me quedó meridianamente claro que sabían distinguir unos de las otras.

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