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lunes, 24 de septiembre de 2018

Datos sobre la importación alimentaria en Venezuela (+infografía)

El enrarecimiento del discurso económico cobra fuerza al mismo tiempo que desde afuera se recrudece el asedio contra el país. El supuesto “descalabro productivo”, la improvisación importadora y la dependencia como realidad particular del Gobierno Bolivariano cumplen el objetivo de difuminar las responsabilidades históricas (de la burguesía parasitaria) en cuanto al tema y, lo más importante, de oscurecer la política económica del chavismo.

Los aparatos de propaganda por izquierda y por derecha reproducen en el contexto actual una cantidad importante de mentiras y distorsiones en cuanto a la economía de la nación. Se deja ver esta orfandad discursiva (importada, de paso) cuando Capriles asegura que, supuestamente, "antes se gastaban 1.500 millones de dólares al año en importación de alimentos, hoy estamos en 7 mil millones de dólares y casi todos los productores de Venezuela viven en la pobreza".
La derecha apátrida tampoco se queda atrás, y sin ningún tipo de dato o estadística se lanzan al vacío de la deformación mediática rampante: "Pero hoy, con la máquina de fabricar bolívares prendida, la verdad es que no hay dólares y casi el 70% de las cosas que consumimos son importadas (y se importa con dólares o no se importa nada)".
Como pueblo chavista que está en medio de un golpe político continuado (con tentáculos económicos y psicológicos) se nos hace necesario afinar los argumentos, los análisis, la lectura sobria y responsable de los datos que arroja la realidad para afrontar la fabricación virulenta de mentiras y alteraciones.
Veamos, entonces, cuál es el meollo de la importación en el ramo alimentario.
Primero es menester reafirmar que a Venezuela, a mediados de los 80, le fue suministrada una sobredosis extendida de neoliberalismo. Dicho proyecto no sólo enfermó la economía, sino también la identidad, la política y la cultura de la nación. Desmontar ese mito de que "nuestro país nunca importó tanto alimento ni fue tan dependiente del extranjero" pasa por comprender la imposición de barreras y restricciones al consumo de la gran mayoría de la población: 65% de pobreza y una reducción feroz del gasto social así los comprueban.
Sólo el 35% del país podía disfrutar de la calidad de vida que se propagandeaba hacia afuera. La "democracia más avanzada del continente" lleva consigo dolores y traumas que la petrifican en el basurero eterno de la historia.
Así que cuando escuche a un renombrado (y balurdo) economista de la derecha diciendo que antes de la llegada del chavismo Venezuela se abastecía de carne, pollo, café, maíz y leche, vea el porcentaje de pobreza y confort primero.
Porque si de cada diez personas sólo tres comían carne y los otros rubros mencionados, era lógico que la producción alimentaria sirviese sólo a la minoritaria franja de los "elegidos", bendecidos con el agua privatizada (e importada) que caía en las opulentas alturas de la pirámide social.
Pero Venezuela cambió, y para siempre. En los últimos quince años el consumo alimentario se disparó en un 80%. Es decir, hoy comemos ocho veces más que en la Cuarta República.
Y era natural que ante tal expansión las importaciones de ciertos rubros también aumentaran, pues el aparato productivo (transnacional y dependiente) no fue construido para alimentar al país, fundamento de su proyecto económico (traído con dólares subsidiados).
El yugo importador fue tejiendo los hilos del proceso económico nacional. Si la patente discursiva (y moral) de la derecha se ubica en la falaz "inexistencia de las importaciones", entonces la mesa les cojea por otro extremo: la excesiva compra de insumos, bienes de capital, repuestos y maquinarias que promovieron para que la industria local tuviese pertinencia.
No es casualidad que la exigencia de más dólares tenga como objetivo alimentar las bocas foráneas de la fábrica imperial.
Venezuela no importa el 70% de lo que consume. Veamos cómo esta estafa discursiva se destruye solita cuando revisamos los rubros alimentarios.
Primero es necesario revisar aquellos rubros que son de uso agroindustrial, es decir, la materia prima para la mecanización/transformación del alimento en forma envasada, enlatada o cubierta de plástico. Los usos y los circuitos productivos de los mismos en relación a la dieta nacional.



El dato importador sólo se da en los rubros de aplicación agroindustrial. Por ende la "industria nacional agroalimentaria" necesita dólares tanto para seguir funcionando como para expandir sus capacidades operativas, pues ni los repuestos, maquinarias e insumos son producidos acá por el mismo hecho de ser cadenas de transmisión económica de las principales transnacionales norteamericanas y europeas.
Sus quejas reiterativas guardan en el fondo la necesidad bachaquera de beneficiarse a partir de la compra-venta a gran escala, de la macroimportación subsidiada, de esa centrífuga decorosa bien llamada especulación.
Pero si vamos a los demás rubros nos damos cuenta de que los porcentajes bajan radicalmente. Nuestro país se abastece al 100% de papa, pimentón, cebolla, tomate, apio, ñame, ocumo, yuca, auyama, lechuga, repollo, ají, cilantro, perejil, limón, parchita, guayaba, melón, cambur, plátano y demás hortalizas y frutas.
Incluso en el rubro correspondiente al pollo, cochino y carne las importaciones tocan cuando mucho el 24%. Por su parte, el porcentaje referente a caraotas, lentejas y garbanzos se acerca casi al 15%.
El arroz se abastece en un 80% de la cosecha nacional. Sólo el 20% es importado.
Quesos y embutidos también poseen el mismo patrón porcentual: de 12 a 16% de importación.
Esto quiere decir que el Gobierno Bolivariano, aparte de responder a la expansión de la demanda alimentaria ya anclada en el consumo nacional, también ha invertido en el campo como ningún otro, priorizando levantar la producción por fuera del encadenamiento productivo transnacional.
Por tal motivo el llamado a construir una economía productiva tiene ese importante valor en el debate que nos toca como clase. ¿Hasta cuándo seguiremos destinando recursos para alimentarnos con aquello que no producimos? ¿Aumentar la importación de rubros agroindustriales trae cadenas de valor distintas a las ya establecidas? ¿El desarrollo y la independencia económica se miden por la abundancia de refrescos y pasapalos?
Aunque la estafa importadora sigue viva, tenemos 100% de abastecimiento en aquellos rubros (mayoritarios) que no pasan por el filtro industrial antes mencionado. Cada vez importamos menos en alimentos para el consumo básico del país completo. Ahí está la trampa del dato alterado y desinformado por izquierda y por derecha.
El chantaje mediático del supuesto "país destartalado por Maduro" (el "modelo") hoy arrecia más que nunca. Tomemos estos datos y difundamos nuestra verdad económica: esa que al reafirmarla asusta violentamente a la derecha, pues son ellos los verdaderos fracasados de la historia reciente. Sigamos dando muestra de conciencia política, que el 13 de abril económico está a la vuelta de la esquina.
Mision Verdad

Las fuentes para realizar las infografías fueron tomadas del Banco Central de Venezuela, Instituto Nacional de Investigaciones Agrarias y Agencia Venezolana de Noticias.

sábado, 25 de agosto de 2018

Venezuela se convierte en exportadora de pescado, flores y cacao

Este viernes se realizó la exportación de 66 toneladas de pescado tahalí y otros rubros, así como el cacao y tallos de flores, como parte del Programa de Recuperación Económica para el fortalecimiento de la economía nacional, informó el vicepresidente del área económica, Tareck El Aissami acompañado por el Gobernador del estado Miranda, Hector Rodríguez y la Ministra de Comercio Exterior, Yoman Koteich.
El Aissami, mencionó que un total de tres contenedores serán enviados desde el puerto de La Guaira, estado Vargas, dos a Vietnam, y el tercer contenedor será́ recibido en Estados Unidos, asimismo hizo el llamado a “mirar puertos afuera” y explicó que la exportación no tradicional debe ser parte del pensamiento y crecimiento económico, exportando riquezas no petroleras.
“La exportación de tahalí́, es una de las actividades económicas generadoras de divisas para el Estado, ya que las empresas dedicadas al negocio cumplen el compromiso de la repatriación del 20% de sus ventas” agregó El Aissami.
Acotó que el objetivo del Programa de Recuperación Económica, además de recuperar el poder adquisitivo de los venezolanos, es promover y estimular la producción nacional y la diversificación económica, hacia la exportación no rentista, no tradicional, y avanzar a la era post-rentista dicha por el Presidente Nicolás Maduro.
Por su parte Rodríguez destacó la producción y exportación de otros productos naturales como los son el cacao, con 25 mil hectáreas en Barlovento, produciendo para la exportación, con 1500 técnicos trabajando, “El Gobierno nos ha aprobado 600 mil millones de bolívares para invertir y levantar las hectáreas de cacao” agregó.
De esta manera, señaló la producción de tallos de flores, los cuales, exportan 20 mil mensuales, con 20 centros de producción, esperando la aprobación de más un millón de dólares por parte del Estado, para próximamente exportar hasta 170 mil tallos al mes.
“Este es un gobierno que protege al pueblo, a sus trabajadores y que acompaña a sus productores “detalló.
De igual manera, El Aissami hizo un reconocimiento al sector agroindustrial por su labor y por su compromiso con la recuperación económica en el país. “Estamos retomando el equilibrio económico que se había roto producto por la guerra criminal”.
Para finalizar, El Aissami agradeció la muestra de confianza a la Población Económicamente Activa, (PEA), por seguir el Programa de Recuperación Económica que tiene como línea central, empoderar al pueblo, la estabilización de los precios y el fortalecimiento del sistema de protección.

Ballygally Castle, el hotel maldito de Irlanda y su fantasma Isobel

Lady Isobel fue la desdichada mujer que se casó con el dueño de este castillo. Como no concibió un hijo varón, fue brutalmente asesinada por su marido. A día de hoy, se reportan hechos de lo más extraños en la habitación de los hechos.
Situado en la cima de la bahía de Ballygally, en la costa de Antrim, al noreste de Irlanda del Norte, se erige un viejo e impresionante edificio. El Ballygally Castle Hotel data de 1625, y fue construido por el escocés James Shaw. Ya en el siglo XX, compró la propiedad el magnate de las alfombras Cyril Lord, quien amplió y renovó su estructura. Hoy es un moderno alojamiento con 44 habitaciones.
Pero, cual reclamo sobrenatural, existen una serie de placas que te guían hacia la conocida como “Habitación del Fantasma” (Ghost Room), aunque al parecer no es un simple recurso turístico.
Cuentan que dicha estancia, situada en un torreón superior, perteneció a una famosa residente, Lady Isobel Shaw. De acuerdo a los lugareños, el dueño del castillo, James Shaw, se casó con la desafortunada Isobel, que no pudo darle el varón que éste soñaba, sino una niña.
Enfurecido, la encerró en la torre negándose a alimentarla y allí la muchacha enloqueció: durante semanas no paró de gritar y golpear la puerta hasta que su retorcido esposo la arrojó por la ventana. Aunque hay versiones diferentes: a saber, que el escocés contrató a unos esbirros que la arrojaron por las empinadas escaleras; otros claman que Lady Isobel mantenía una relación adúltera con un marinero…
Desde entonces, su espíritu frecuenta la pequeña habitación, dejándola impregnada de un característico olor a vainilla. A veces se aparece en esa parte del castillo –dicen– a algunos huéspedes, como desesperada: creen que está buscando a su hija. Lo más estremecedor es que algunos visitantes afirman haberse despertado de noche y encontrar al “fantasma” en medio de la habitación para, a continuación, verlo desvanecerse.
Según se relata en el libro de Jeff Belanger The World’s Most Haunted Places, en 1998, una semana antes de la fiesta de Halloween, la reportera Kim Lenaghan grabó parte de un segmento de “divertidas situaciones de miedo” para el programa radiofónico de la BBC “Good Morning Ulster” en el interior del BallyGally. Eligió pasar la noche, claro, en la “Ghost Room”, tras pedirle consejo a una médium apodada “Sally” que la acompañó antes de pernoctar.
Lenaghan le contaría a Belanger más tarde que en un momento determinado “Sally” pareció entrar en contacto con alguna entidad, aunque no estaba en trance, aunque sí muy concentrada. Luego, la temperatura de la habitación subió notablemente, “al menos diez grados”. La médium comenzó a hablar con alguien invisible y se hizo presente un olor, un fuerte olor a vainilla, “pero no era exactamente vainilla; era un olor viejo, que recordaba ligeramente al moho; olía a vainilla rancia… Sé que suena ridículo, pero eso es lo que era”, sentenciaría la periodista.
La médium explicaría más tarde que el espíritu era el de una mujer joven asustada que estaba buscando a su hija pequeña. Le dijo a Lenaghan que ‘la mantenían allí contra su voluntad, asegurando que había una mujer vieja que no la dejaría salir de la habitación’. Durante la conversación, la mujer corría continuamente hacia la ventana buscando a un hombre llamado Robert que estaba en el mar”.
Tras este episodio, Lenaghan se despidió de “Sally”, se hizo con una taza de café, un poco de brandy y una grabadora, subió las escaleras y se instaló en la pequeña habitación del torreón. La reportera afirmó que alrededor de las tres de la madrugada la habitación comenzó a calentarse de nuevo: “Pensé: ¡es el café y el brandy! Y luego se puso aún más cálido y pensé, ‘no, algo no está bien’. Inmediatamente regresó el olor. Y era aún más fuerte que antes (…)”.
Poco después, salió escopetada de la estancia y se fue a otra lo más alejada posible. Al día siguiente, el personal la llevó de nuevo al ala “encantada” del castillo, donde varios inquilinos afirmaron haber escuchado llamar a la puerta por la noche, e incluso uno de ellos aseguró haber visto a una mujer que se desvaneció.
Este mismo le mostró a la periodista, escrito en el polvo del espejo de la “habitación fantasma”, el nombre de Kim. Si fue una puesta en escena de los administradores del BallyGally, fue desde luego de Oscar. Otros inquilinos afirman que el castillo está encantado por uno o más niños. Algunos fueron despertados por unas pequeñas manos que tiraban de las sábanas y les empujaban, todo ello junto a risas infantiles. Hoy es un hotel de 4 estrellas. Puedes reservarlo en Booking desde unos 150 euros la noche. Seguro que la experiencia merece la pena…