Honduras y Haití son los países más pobre de América, pero a
EE.UU. no parece a importarle, está obsesionado con Venezuela y la
manera de como quedarse con su petróleo, no importa cuántos muertos
provoquen en el proceso.
El imperio norteamericano no se pronuncia en contra de los regímenes de estos países, de hecho los apoya con dinero y armas.
Estados Unidos no busca establecer la democracia en el mundo, solo
busca establecer un sistema que se fortalece con la corrupción, saqueo y
violencia, el capitalismo.
1. HONDURAS
En Honduras las personas en condición de pobreza representan el 68
por ciento de la población, más de seis millones de personas. Y de este
colectivo, el 44 por ciento; es decir, 3.9 millones viven en la pobreza
extrema, a lo que se suma otra realidad: el subempleo es de 56 por
ciento y del total de asalariados, el 75 por ciento recibe menos de la
remuneración de subsistencia.
2. HAITÍ
En Haití no abunda el agua potable. La mayoría de las casas no tiene
retrete. No existe la recogida de basuras, ni su tratamiento. En la
capital, de más de tres millones de habitantes, no hay ni un solo cine.
Es raro ver semáforos, y más todavía alguno que funcione; pero tampoco
se sanciona a los infractores en la carretera. Es un país sin autovías,
taxis por las calles o cadenas de comida rápida. Por no tener, no cuenta
ni con palacio presidencial, que quedó derruido en el terremoto de hace
ocho años y todavía no ha vuelto a ponerse en pie.
En Haití, el 54% de la población vive en la pobreza extrema (con
menos de un dólar al día) y hasta el 78% bajo lo que se considera umbral
de la pobreza (con menos de dos dólares al día).
La comunicación es necesariamente un frente de lucha y una categoría bélica en las horas críticas.
Imagen publicada en el diario digital Supuesto Negado para acompañar el artículo “Guaidó mantiene apoyo estadounidense pero se va quedando sin calle”.
Cada
coyuntura plantea y demanda sus propios métodos de lucha, eso vale
también para la batalla comunicacional. Éstos deben ser adecuados a la
realidad del país y del momento que se vive. Y, ¡qué duda cabe! en estos
días intensos lo que en
Venezuela se vive es amenaza de invasión, lo que se siente son tambores
de guerra. En este contexto la comunicación debe ser asumida como
categoría militar.
De
hecho, hace ya tiempo es común escuchar una serie de conceptos que van
en esa línea: bloqueo informativo, conspiración mediática, golpe
mediático, guerra mediática, guerra de cuarta generación, etc. Esto en
el marco de una situación clásica del asedio que Venezuela vive desde,
al menos, desde 2015: permanentes acciones de carácter económico y
(para) militar que bloquean durante un periodo extenso el país,
impidiendo el abastecimiento, produciendo un desgaste en las personas,
para luego proceder al asalto.
Nunca como hoy se ha estado tan cerca de un situación bélica real.
Claramente,
lo comunicacional juega un rol crucial en el asedio imperialista. Una
propaganda de guerra global se ha echado a andar coordinada y
globalmente para atacar a Venezuela, como alguna vez se hizo con Irak,
incluso peor. De hecho, una dimensión fundamental de la operación para
instalar a un desconocido Guaidó como actor político fue comunicacional,
a su vez, la llamada “ayuda humanitaria” es un hecho bélico disfrazado
semióticamente de bondad.
¿Cómo
ha enfrentado Venezuela en este contexto bélico la batalla
comunicacional? Podemos distinguir dos dimensiones: la dimensión
contra-ofensiva y la defensiva.
Dimensión contra-ofensiva: el rol presidencial y una matriz propia
El
contra-ataque es seguramente la más eficaz de las estrategias en un
cuadro en el cual nuestras fuerzas están en objetiva desventaja y en el
cual la asimetría es estructural dado que no tenemos los recursos
materiales con los que el imperialismo cuenta en el terreno
comunicacional. Pero tenemos tradición de lucha, de audacia y creatividad.
Y como una vez Fidel le señaló al Comandante Chávez, “la mejor defensa
no es el ataque, sino el contra-ataque”; es decir, saber responder al
ataque con otro ataque.
En
las respuestas comunicacionales venezolanas de carácter
contra-ofensivas podemos identificar, sobre todo dos fases: una que
logró horadar el cerco informativo y otra que instaló exitosamente una
matriz propia.
En
cuanto a la primera, el liderazgo ha estado a cargo del propio
Presidente Nicolás Maduro y comenzó a principios de febrero con una
entrevista en exclusiva que sorprendió a todos e indignó a los
reaccionarios del mundo. Fue una apuesta audaz y sorpresiva cuando se
anunció, en los momentos en que arreciaba el ataque internacional en la
OEA, en la UE y en las NU contra el país, que el Presidente había
concedido una entrevista exclusiva, sin pauta previa, sin condiciones ni
edición, al comunicador Jordi Évole del programa español “Salvados”, Antena 3.
Se
trata del mismo profesional que en 2017 ya lo había entrevistado
venenosamente. Con ese polémico antecedente, sumado al hecho de estar
Maduro en el centro mundial de la noticia, era inevitable que esta
entrevista generara atención mundial. En algo más de una hora Évole
preguntó de todo y en el tono que quiso al Presidente Maduro, quien con
seguridad contestó cada una de las preguntas y, además, se permitió
analizar el rol de Pedro Sánchez en esta conspiración internacional. Se
le hizo imposible a la canallesca internacional mediática evitar el
éxito de audiencia del programa en España. Cuatro millones de
televidentes sintonizaron la entrevista. Tras esa iniciativa el
Presidente también concedió entrevistas bajo las mismas condiciones a
otras cadenas como CNN-Turquía o la BBC de Londres.
Este episodio nos deja una importante lección: en
los momentos oportunos, con la gestión adecuada, se puede aprovechar a
nuestro favor la atención mundial que las corporaciones comunicacionales
con su habitual malignidad han construido en torno a un liderazgo, en
este caso, del Presidente Maduro. Es decir, hacer valer el
hecho (generalmente negativo) de que el presidente sea “agenda continua”
en los medios del mundo y sujeto de interpelación permanente.
Se
confirma así un postulado clásico de la Teoría del Agenda Setting: los
presidentes tienen potencialmente altas capacidades de imponer agenda a
la pauta mediática. En cuanto al género periodístico, el de “entrevista
en directo, sin corte” (aunque no en vivo), con plena libertad para
el/la periodista se muestra como el más adecuado, en tanto garantiza
libertad de prensa al profesional, produciendo así una contradicción
performativa con la falsa acusación de que no hay libertad de expresión
y, simultáneamente, se impide la usualmente vil edición que se hace de
nuestras vocerías.
Otra
iniciativa contra-ofensiva importante, esta vez en el terreno digital
de las redes sociales, fue el mensaje de 4 minutos que Nicolás Maduro le
dirigió el 30 de enero al pueblo de EE.UU. Éste tuvo más de 11 millones
de visualizaciones en su versión española y más de 4 millones en su
versión en inglés. “No permitamos un Vietnam en América Latina. Si los
Estados Unidos pretenden intervenirnos tendrán un Vietnam peor del que
puedan imaginarse”.
Performativamente hablando, ese fue claramente el mensaje central.
Y
en esa línea llegamos a otra iniciativa contra-ofensiva exitosa que
podemos identificar. Ocurre ésta no en el terreno del liderazgo
presidencial, sino en el semántico: desde Venezuela se logró imponer la
matriz temática de que si hay intervención militar extranjera, habrá resistencia feroz, habrá un baño de sangre, habrá guerra en el continente.
Es
importante haber logrado instalar esa idea-fuerza. La canallada
internacional mediática suaviza las guerras, ocultan su lado trágico,
como hicieron en Iraq, y disfrazan de “humanitario” lo que es una
masacre. Cada vez que Estados Unidos prepara el terreno para invadir
instala comunicacionalmente las ideas de «corredor humanitario» bajo
«protección internacional», invoca la «obligación de proteger a la
ciudadanía» etc. Esos pretextos sirvieron como preludio de las guerras
que lanzó contra Yugoslavia, Iraq y Libia, al precio de inmensas
pérdidas de vidas y de enormes sufrimientos.
Lograr establecer una matriz realista tiene importancia en varias dimensiones:
a) instala la idea de guerra de manera real y no edulcorada como hace el imperialismo;
b) la historia demuestra que EE.UU. suele evaluar muy bien el costo en bajas propias antes entrar en un país;
c)
la amenaza de guerra en el continente asusta hasta a tradicionales
adversarios del chavismo como el ex Secretario General de la OEA, José
Miguel Insulza (el “…desde la P a la O”, como dijera el Comandante
Chávez), incluso él ha hecho llamados a evitar la guerra a toda cosa
d)
La matriz de “guerra y resistencia sangrienta en Venezuela y el
continente si el imperialismo invade”, le da fuerza a la postura
mediadora de México, Uruguay y CARICOM.
Dimensión defensiva: rompiendo el cerco “de afuera hacia adentro”, unidad por doctrina y ausencia de un “medio columna”
En
el terreno de las acciones defensivas, ha ocurrido un hecho llamativo,
una inversión interesante, tal vez única en la historia de la batalla
comunicacional revolucionaria, para romper el cerco informativo que
afecta a Venezuela.
Generalmente,
los esfuerzos por lograrlo provienen del interior para que en el
exterior se sepa lo que realmente ocurre adentro. Esa lógica se invirtió
esta vez. Compañeros y compañeras de otros países viajaron a Venezuela y
rompieron comunicacionalmente el sitio desde afuera hacia adentro.
Haciendo
uso de las redes sociales, especialmente Twitter y Facebook, se
trasladaron a Venezuela y comenzaron a proporcionar con regularidad
información desde el interior del sitio.
Destacan en ese sentido iniciativas como las del argentino Marco Teruggi quien adecuándose al contexto cambió su rol de sociólogo por el de informador y en un estilo que podemos calificar de periodismo interpretativo, ofrece
información valiosa, seria, no propagandística, acerca de los
acontecimientos desde la perspectiva anti-imperialista. Destacan sus
reportes de las movilizaciones chavistas y de la derecha, y, sobre todo,
sus despachos desde la frontera, es decir, desde las zonas calientes.
En Twitter ha llamado la atención otro argentino, @DiegoEnLaLucha.
Bajo el lema “Un argentino en Venezuela” ha estado informando en un
estilo coloquial, informal y muy auténtico acerca de Caracas. Celular en
mano ha recorrido diversos barrios y ha publicado en sus cuentas los
reportes audiovisuales que, a su vez, han sido recogidos por medios de
comunicación de otros países.
Se
diferencia de Teruggi en tanto su foco está puesto en mostrar la
cotidianidad, el día a día de Venezuela, no la noticia dura, pero tiene
en común con éste tres cosas: horada el cerco informativo, no ofrece
propaganda, sino información y conecta con una audiencia ávida de
obtener información no manipulada.
Algo similar hace Arantxa Tirado,
una española que también decidió venir a romper comunicacionalmente el
asedio. En una mezcla de cotidianidad y noticia, informa desde
farmacias, tiendas, del metro, de MacDonalds o desde mercados populares.
En un día y medio, desde que comenzó su entrega informativa, su cuenta
en Twitter pasó de 6 mil a 10 mil seguidores, y en dos semanas ha
superado los 30 mil.
A
eso se suman mas de mil solicitudes en Instagram, lo mismo que en
Facebook, junto con intentos de hackeo a sus cuentas y denuncias
permanentes a sus tuits de parte de la derecha (la misma que lloriquea
por la libertad de expresión). También ella ha sido seguida y mencionada
por medios tradicionales, por ejemplo, La Jornada de México, y también ella evita la propaganda y proporciona información a una audiencia mundial expectante.
Tanto éstas como otras interesantes y audaces iniciativas comunicacionales carecen, sin embargo, de algo que es fundamental en tempus belli:
la coordinación. Se trata de iniciativas individuales no estructuradas
entre sí. Podríamos decir que hay una autonomía táctica entre ellas, su
lazo orgánico y su nexo principal es, como decía Rodolfo Walsh, la
“unidad por doctrina”.
Esa
claridad doctrinaria de los y las compañeras es la que hoy une
políticamente estas “corresponsalías revolucionarias” que vinieron a
horadar el cerco, lo mismo que otras iniciativas comunicacionales que
han surgido en estas semanas. Sin embargo, en tempus belli no basta la unidad doctrinaria. A
la autonomía táctica hay que sumar articulación intencionada para que
la comunicación se convierta en un factor de organización y de combate, y
para que nuestras iniciativas exitosas, como las señaladas hasta aquí,
logren una efectividad en el tiempo y sean “artillería del pensamiento”. Tenemos ahí una debilidad.
El
hecho de que se logre perforar efectividad el bloqueo informativo
cuando nuestras maniobras comunicacionales se inician desde el exterior y
de que éstas estén a cargo de no venezolanos/as, habla de otra falencia
nuestra, sobre todo considerando que las potencialidades del contexto
digital están al alcance de todos/as: no existe un “medio columna” que
desde Venezuela opere para los/las venezolanas y para la audiencia
mundial antiimperialista como referente informativo al que acudir
diariamente.
Existen
muchos emisores mediáticos en el campo revolucionario, pero , por
razones que se deben discutir y analizar, la audiencia no acude a ellos
de forma regular y masiva. Para revertir eso hay que estar dispuestos, por ejemplo, a distinguir propaganda de información, y optar por esta última. La intoxicación propagandística que el imperialismo ha puesto a circular contra Venezuela se combate con información, no con más propaganda, aunque sea anti-propaganda. Como decía Gramsci, “la verdad es la táctica de la revolución”.
Sin
duda Telesur ha cubierto, en parte, esa falencia, y se ha convertido en
un medio que informativamente cumple un rol significativo en la defensa
comunicacional al proporcionarnos valiosa información. Sin embargo, no
se puede pedir a este importantísimo proyecto comunicacional de alcance
regional que para suplir la ausencia de medios de referencia locales,
pierda su carácter continental y se “venezolanice”, a costa de su
proyecto original y de su tarea estratégica. Sería eso una manera de
sacrificar Telesur y despojarlo de su audiencia continental y de su
carácter bolivariano-panamericano. Su cuenta en Facebook supera los 1.7
millones de seguidores, y en Twitter 1,6 millones, la mayoría de los
cuales no son de Venezuela. Ese capital comunicacional hay que cuidarlo.
Aunque la crítica duela, estamos ante un dato objetivo: en 20 años no se ha logrado constituir en Venezuela un medio columna, un órgano de difusión y de referencia, sólido y consolidado que proporcione al mundo información rigurosa y, a la vez, combativa, acerca del proceso bolivariano y de sus complejidades.
Hay,
sin duda, iniciativas interesantes, con un alto potencial, que se han
ido conformando en el tiempo y que apuntan en esa dirección. Por
ejemplo, (-)Supuesto Negado, bajo el lema“El lado obsceno de la información”:
con una gráfica atractiva y una justa cuota de humor satírico apuesta
por el periodismo de opinión y de interpretación; destaca la agudeza de
sus títulos (todo un arte en el ethos periodístico); por ejemplo, el que llevan el 14 de febrero “Guaidó mantiene apoyo estadounidense, pero se va quedando sin calle”,
titular que orienta políticamente de inmediato al lector. En Facebook
(Fb) tienen con poco más de 46 mil seguidores, lo que indica que van
conformando comunidad.
Otro buen ejemplo es 15 y Último (“Resuelve Ideas”), medio digital que entrega importante y actualizada información económica, Economía para no Economistas ni Expertos
es su slogan. Por lo mismo, es un medio de nicho, con segmentación
definida, tiene sólo 3.491 seguidores en Fb, pero se trata de una
audiencia específica.
Considerando
que la economía es el problema central en Venezuela un medio como éste
es imprescindible, y ese valor temático que ofrece con seriedad se
complementa con sus buenas plumas.
También vale la pena mencionar a La Tabla,
que es más generalista, menos segmentado y practica el periodismo de
denuncia, basado en datos; es más activo que los anteriores en Twitter
(más de 30 mil seguidores), pero más débil en Fb (sólo 3.664). Los tres
tienen en común que rehuyen el panfleto y la consigna fácil y, desde una
perspectiva chavista, optan por entregar, cada uno a su modo,
información útil e importante al público, es decir, un encuadre
(framing) políticamente definido.
Se suma a ellos “Misión Verdad”,
un proyecto que lleva varios años apostando por el dato, por la
información y la rigurosidad y que es bastante activo en redes sociales,
con más de 60 mil seguidores en Twitter y 44 mil en Fb. Ninguno, sin
embargo, llega a los niveles de la prensa golpista como El Nacional (713 mil seguidores en Fb) o El Universal (901 mil seguidores).
Éstos
medios chavistas y, con seguridad otros similares, podrían buscar una
articulación editorial acorde a los tiempos de guerra que se están
viviendo; articulación que, preservando las identidades particulares de
cada uno, considere el conjunto, atendiendo al interés de un amplio
colectivo nacional e internacional por informarse desde nuestra
perspectiva — chavista y socialista- y así, siguiendo a Fidel, apoyar
coordinadamente la batalla de las ideas.
A modo de cierre
En
el plano contra-ofensivo Nicolás Maduro, el presidente más atacado del
mundo, ha logrado en estas circunstancias críticas gestionar a favor la
atención mundial que en torno a él se ha ido construyendo en estos años
por parte de la canallada internacional mediática. Esta potencialidad
suya debe ser analizada para futuras acciones de alteración de la agenda
enemiga y su figura debe ser sopesada comunicacionalmente en relación
con el contexto mundial actual. A modo de hipótesis: Maduro es hoy el único presidente que pudiera erigirse, comunicacionalmente hablando, como antagonista de Donald Trump.
La comunicación debe estar estratégicamente subordinada a los objetivos políticos. “El hecho comunicacional es un hecho político”, dijo
enfáticamente en octubre de 2012 el Comandante Chávez en su última
reunión ministerial transmitida en vivo, y en la cual reflexionó acerca
de las insuficiencias del campo revolucionario en esta área. En esa
línea, saber elegir el programa indicado, el género informativo
pertinente y la red social adecuada permiten, a pesar de la asimetría,
imponer matrices claras y contundentes.
En un proceso de transformación social, la comunicación es necesariamente un frente de lucha y una categoría militar en las horas críticas.
Para horadar el cerco informativo que en el marco del asedio se ha
impuesto se deben combinar las iniciativas que provienen del exterior
con las del interior. Hay una audiencia mundial ávida de información,
para sintonizar con ella hay que rehuir el panfleto y la propaganda y
ofrecer información basada en hechos, con un encuadre propio.
Actualmente la falta de articulación comunicacional orgánica es suplida por unidad doctrinaria, y la falta de uno o varios medios columna venezolanos es suplida por iniciativas fragmentadas creativas y defensivas, tanto provenientes del exterior como locales.
No
basta, hay que dar los siguientes pasos. Y hacerlo recordando al
Comandate Chávez. En una reunión con comunicadores populares en las
montañas de Lara, señalaba: “¡Esto es guerra comunicacional!” y en su último consejo de ministros nos impele a la urgencia de crear una articulación propia, “que
incluya, como sistema al fin, su interconexión con otro sistema o
subsistema: medios comunitarios, medios populares de comunicación,
televisoras regionales, periódicos regionales, internacionales,
Telesur”.
Por Pedro Santander Molina*, especial para Dominio Cuba
El
martes 8 de enero la vicepresidenta ejecutiva Delcy Rodríguez dio a
conocer las conversaciones entre las Armada venezolana y los dos buques
de exploración sísmica de ExxonMobil en aguas territoriales de la
República Bolivariana.
En el audio se puede constatar que, efectivamente, el capitán del
buque sabía que estaba en coordenadas del territorio venezolano, con el
beneplácito del gobierno guyanés, quien tiene asumido el papel de proxy
para presionar geopolíticamente a través de la guerra
energética-territorial a beneficio de una de las grandes petroleras de
los Estados Unidos.
Esto representa una escalada en los movimientos de Exxon-Guyana para
intentar abastecerse de una buena tajada del Esequibo venezolano, que
diplomáticamente representa el reclamo de la ex colonia británica a
favor del Laudo Arbitral de París de 1899, un robo de lo que sería gran
parte del macizo guayanés con cantidades no explotadas de petróleo, gas,
minerales varios, además de contar con una biodiversidad única en el
planeta.
Las aguas territoriales de Venezuela fueron invadidas una vez más, y
la Armada actuó en consecuencia, según el protocolo naval. Ese "Ustedes
están defendiendo su territorio" dicho por el capitán estadounidense
refleja claramente su intencionalidad de pasearse como Pedro por su
casa, según el argot popular, a representación de una petrolera que ve
estratégicamente a Venezuela en un escenario central a la geopolítica
estadounidense.
En el frente interno, asimismo, la elite política del antichavismo ha
minado todos sus campos de lucha, se sostiene sobre una Asamblea
Nacional sin competencia legal ante las decisiones del Tribunal Supremo
de Justicia. Ello creó la desestabilización de la estructura del Estado
venezolano a través del Parlamento, cuyos jefes buscan el derrocamiento
del gobierno del presidente Nicolás Maduro como objetivo públicamente
deliberado.
Juan Guaidó entra en escena
El dirigente de Voluntad Popular, Juan Guaidó, asumió este sábado 5
de enero la presidencia de la Asamblea Nacional en desacato por un pacto
firmado entre los principales líderes de la oposición (los cuatro
partidos más fuertes) para rotarse los cargos directivos del Parlamento.
Guaidó fue señalado en 2015 por José Rafael Pérez Venta,
quien protagonizó un escandaloso descuartizamiento de una militante
opositora por motivos comerciales, de haber sido uno de los principales
organizadores y autores intelectuales del plan "La Salida". En su
escalonamiento en las jerarquías del partido, Guaidó llegó a ser el
tercero al mando de la dirigencia nacional, luego de Leopoldo López,
pagando condena, y Freddy Guevara, hoy asilado en la embajada de Chile.
Aunque su trabajo político de antaño se centró en el estado Vargas,
pasó en poco tiempo a ser un agitador de calle bajo lucro de las
aspiraciones de los máximos dirigentes de su partido, a presidente de la
Asamblea Nacional.
Ha sido llamado por el secretario general de la OEA, Luis Almagro, y
según el último comunicado del Grupo de Lima contra la soberanía de
Venezuela, a tomar la Presidencia de la República Bolivariana, con el
apoyo incluso del Departamento de Estado de la Administración Trump.
Juan Guaidó nunca se esperó un escenario así en su vida, aunque las
presiones internacionales obviamente se hacen notar.
Al comentario del periodista de El Mundo de España:
"Factores radicales de la oposición, incluso el ex presidente colombiano
Andrés Pastrana, le exigen que se autojuramente como presidente de la
República, arguyendo vacío de poder", de una reciente entrevista el diputado respondió:
"Lo dijimos claro: el 10 de enero se
inicia un nuevo periodo constitucional sin un presidente electo en
Venezuela. Estamos en una situación de fuerza, no de derecho. No hay
Estado de derecho en mi país, lo han desmontado paulatinamente. Así lo
reconocen el Grupo de Lima, EEUU, Canadá y la Unión Europea. Creo que la
labor del Parlamento es construir esa fuerza y las condiciones para
lograr una transición en Venezuela."
Guaidó propone capitalizar nuevas protestas violentas al estilo 2014 y
2017, que junto a una presión institucional e internacional podría,
según la tesis de Voluntad Popular, desencadenaría un golpe de Estado
contra el presidente Maduro. La insurrección como forma de lucha es la
divisa de esta parte de la oposición venezolana, ya forajida, que
colinda con los intereses estratégicos de los Estados Unidos.
Esto se evidenció con la defensa acérrima de Freddy Guevara, ex vicepresidente del Parlamento, quien en 2016 pidió que
la ExxonMobil fuese indemnizada por el Estado venezolano. Ese sector
antichavista se asumió públicamente para sí la vocería de los intereses
de la petrolera que ha estado en su fase de exploración de los límites
entre Guyana y Venezuela, y que ha mantenido litigios con el chavismo en
el poder ejecutivo.
Desde principios de 2016, la Asamblea Nacional fue subusada como
instrumento político para forcejear un choque institucional por el
antichavismo, como proxy local de los intereses estadounidenses, que se
traduciría en el ansiado golpe contra Maduro, pero a su vez ha sido base
para instalar una especie de gobierno paralelo, promover una
insurrección militar y el bloqueo financiero a Venezuela. Guaidó,
vendría a continuar la estrategia forajida hasta ahora fracasada pero
que, sin embargo, ha logrado conseguir romper algunos platos rotos
-económicos, sociales, familiares, culturales- en el piso venezolano.
Se espera, entonces, una escalada a nivel internacional con un poder
legislativo secuestrado por los intereses corporativos estadounidenses .
Del intento de magnicidio a las provocaciones limítrofes de los países
vecinos, todos los hilos llevan a un mismo escenario geopolítico en el
que la Administración Trump y China se disputan los recursos y las
influencias políticas en el Hemisferio Occidental, con Venezuela como
aliado o enemigo clave.